Hoy voy a imaginar que soy una gota de lluvia. Alguna que haya desembocado en el mar, sin precisar en cual océano, arrecife, u ola; quizá terminaré en la orilla de alguna playa, me mezclaré con la sal, y posiblemente iré en el traje de baño...

...de una bonita niña que juega a hacer castillos de arena.

Un anciano me beberá de su taza de café, me permitirá ver su ser, abandonado al paso del tiempo, al recuerdo de una vida en soledad, llena de sueños inacabados, de visitas inexistentes, del desasosiego que produce poner la cabeza en la almohada y no concretar el sueño, al evocar la imagen de la sangre torrencial que se mueve hasta los labios para encontrar el beso.

Tal vez descenderé del cielo de Venecia, y viajaré en góndola, mientras los irremediables enamorados se besan sin prisa y la ciudad alucina bajo el encanto de un mundo condenado a la destrucción.

Podré caer de un tejado y posarme en la mejilla de un hombre que vuelve a casa, perturbado por el afán de un largo día de trabajo, tal vez no me notará y me llevara en su rostro hasta evaporarme, entraré en su sueño, que no puede elevarse por el peso de sus miedos.

Desapareceré al chocar con un ardiente trozo de carbón, y seré fuego entonces, encendiendo una hoguera, una chimenea, o un incendio. Me opondré al frío, a su carácter inquisidor, que noche a noche atormenta los corazones vacíos que tiemblan ante la inminente posibilidad de vivir sin la seguridad de hallar tranquilamente la muerte.

Mi forma se confundirá con las lágrimas de un joven perdido en la incertidumbre del desamor, destrozado por el anhelo frustrado de la conquista ilusoria de un corazón ajeno. Entraré con el aire frío en sus huesos, abriré un poco más su herida. Finalmente escaparé en un suspiro.

Besaré tu frente, cuando salgas de casa en la mañana con la firme idea de volar y ser tú, con la luz en tus pupilas, el viento en tu cabello, la palabra viva en tu lengua. Me respiraras, mientras caminas, dueño de ti y tus deseos, en medio del silencio ineludible de tu mente.

Seré el agua de tu sed, la luna que se desnuda delante de tu ventana. Me deslizaré por tu costado, mezclándome con tu sudor, aniquilando el temor, para juntos desprendernos del suelo, para que los días no nos hallen dulcemente muertos.

 

Estefanía Gomez
Estudiante de Literatura

 

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