Generalidades de Caicedonia

UBICACIÓN Y LÍMITES
El Municipio de Caicedonia tiene una extensión de, más o menos, ciento setenta y dos kilómetros cuadrados, de los cuales 166 kilómetros cuadrados conforman el área rural y 6 kilómetros cuadrados conforman el área urbana. Su perímetro es de 76.5 kilómetros lineales. Está ubicado en la parte nororiental del Departamento del Valle del Cauca, división territorial situada en el suroccidente de la República de Colombia, América del Sur.


Su latitud es 4º, 19´, 25´´, norte; su longitud oeste es 75º, 50´, 00´´.
Sus límites son: por el norte, el Departamento del Quindío (río La Vieja); por el sur, el Municipio de Sevilla (quebrada Sinaí); por el oriente, el Departamento del Quindío (río Barragán); por el occidente, el Municipio de Sevilla (río Pijao).

VIALIDAD
La ciudad de Caicedonia se encuentra a, aproximadamente, 170 kilómetros de distancia de Santiago de Cali, la capital del Valle del Cauca, con la cual se comunica a través de una red de vías asfaltadas que permiten, a los viajeros desde Caicedonia, acceder a ella, transitando diferentes rutas. Las más habituales son: Caicedonia – Sevilla - La Uribe – Bugalagrande – Andalucía - Tuluá - San Pedro - Guadalajara de Buga – Guacarí - El Cerrito – Palmira -Santiago de Cali, el recorrido más tradicional por la carretera Panamericana; y Caicedonia-El Alambrado-La Paila-La Uribe-Bugalagrande-Andalucía-Tuluá-San Pedro-Guadalajara de Buga-Yotoco-Vijes-Yumbo-Santiago de Cali, gracias a la alternativa de la vía Panorama.
Desde luego, la moderna malla vial del Departamento, permite a los viajeros otras opciones; por ejemplo, en la primera ruta, después del peaje de Guacarí, tomar el desvío de Rozo y llegar a la capital del Departamento, entrando por la carrera primera, o por la carrera tercera, o bordeando los cerros tutelares del barrio
Versalles. O, por ejemplo, en la segunda ruta, antes de La Paila, desviarse por Zarzal- Roldanillo-Bolívar-Riofrío, desembocando en Mediacanoa y Yotoco y continuando, desde allí, hasta la capital, por la vía Panorama.
De igual manera, Caicedonia tiene conexión, por carretera, con Bogotá y Medellín, ciudades que están a menos de siete horas de nosotros, en automóvil. Sin embargo, por fuera de los límites de su Departamento, el Valle del Cauca, los dos destinos preferidos de los caicedonitas han sido Armenia, capital del Departamento del Quindío, y Pereira, capital del Departamento de Risaralda. Armenia está situada a, aproximadamente, treinta y cinco kilómetros, es decir, a escasos treinta minutos, de la cabecera municipal de Caicedonia, bien sea que se tome la ruta por La Tebaida o por el Corregimiento de Barcelona. En cuanto a la ciudad de Pereira, está situada a unos ochenta kilómetros de nuestra cabecera municipal, lo que supone un viaje de sesenta o setenta minutos en automóvil. Con esas dos ciudades nos ligan el común ancestro paisa y el atractivo de sus establecimientos comerciales, recreativos y turísticos, hechos que, de alguna manera, están teniendo unos efectos negativos para la economía de Caicedonia, pues una buena parte de nuestro producto interno bruto se fuga hacia esos dos destinos, con el consiguiente detrimento para el comercio local. Caicedonia presenta centros poblados en las veredas de Samaria, Barragán y Aures.

Sus barrios, reconocidos en el Plan Básico de Ordenamiento Territorial, son: La Camelia, Lleras, Fundadores, Obrero, Gutiérrez y Arango, Valle del Cauca, Kennedy, La Ciudadela, Las Américas, El Carmen, El Recreo, La Gerencia, Las Carmelitas y Zúñiga. A muchas de estas divisiones barriales se les han agregado urbanizaciones nuevas, algunas de las cuales, dados su empuje y tamaño, reclaman ser elevadas a la condición de barrios y hasta tienen organizadas sus propias Juntas de Acción Comunal. Para volar a cualquier destino nacional o internacional, a escasos veinte kilómetros, en jurisdicción del Municipio de La Tebaida, los caicedonitas podemos acceder al aeropuerto El Edén, lo que nos coloca a cuarenta minutos de la capital de la República.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

HIDROGRAFÍA
La configuración del terreno determina la presencia de dos vertientes hidrográficas, de regular importancia por su extensión y por sus caudales de aguas, cada día más diezmados, por efectos de la tala indiscriminada de bosques primarios y secundarios y por el mal uso cultural de los suelos, por parte de sus propietarios y usuarios.


Por el oriente, se aprecia la vertiente del río Barragán, corriente de agua que nace en Juntas, a 3.000 metros sobre el nivel del mar, ha sido un inagotable productor de los materiales de arrastre –arenas y balastos—con los que se han construido la mayor parte de los pueblos y vías del Departamento del Quindío y del nororiente del Valle del Cauca, durante muchos años racionalmente explotados por los areneros de Barragán Bajo, y, en los últimos años, sometidos a una no sostenible explotación por parte de empresas mecanizadas que llegaron tras el voluminoso negocio de la reconstrucción del eje cafetero, hecho que amenaza con la extinción del río que, antaño, fue tan caudaloso y rico en peces y materiales para la construcción.

En el río Barragán, vierten sus aguas las quebradas: La Cristalina, La Sonora, La Castalia, La Honda, Burila (alimentada por las quebradas Palogrande, La Cidrera y La Mina), La Pava(a la que tributan sus aguas las quebradas El Salto y Campo Azul), La Leona, Aures o Dabeiba, El Paraíso, El Salado y Sinaí. Después de recorrer kilómetros, el río Barragán confluye en el río La Vieja, a su vez afluente del río Cauca.
Por el occidente, se encuentra la vertiente del río Pijao, el cual nace en La Lagunosa, en el alto Manizales, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, separa a los municipios de Caicedonia y Sevilla y nutre con su caudal el acueducto que satisface las necesidades de agua potable de más del setenta por ciento de la población del Municipio, es decir, de los habitantes del casco urbano.

Al río Pijao afluyen las quebradas: Bolivia, La Morelia (nutrida por las aguas de las quebradas La Morena, El Espanto y El Frontino), La Suiza, Zúñiga, La Rivera, El Recreo, La Camelia, Los Ángeles. Luego de un recorrido de 22.5 kilómetros, el río Pijao descarga sus aguas en el río La Vieja.

Con estas dos vertientes, más el río La Vieja, se conforma la cuenca hidrográfica Barragán--Pijao, ubicada en el flanco occidental de la cordillera Central y que tiene una extensión, según el PBOT de Caicedonia, de 33.238 hectáreas. Su comunidad más numerosa es la de Caicedonia. Sus límites son: por el norte, con parte del Departamento del Quindío y el divorcio de aguas de la cuenca Cartago--Zarzal; por el noroeste, con la separación de aguas de la cuenca del río La Paila; por el sur y sureste, con el divorcio de aguas del río Bugalagrande; por el oriente, con el Departamento del Quindío.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

CLIMA
La presencia de las cordilleras Occidental y Central y de una extensa franja del Litoral Pacífico determina la gran diversidad climática del Valle del Cauca, territorio donde las temperaturas varían desde los grados bajo cero hasta más de treinta y dos grados centígrados. En el Municipio de Caicedonia, por el contrario, apenas se reconocen dos pisos térmicos:

 

El cálido de las zonas planas y el cálido templado de las zonas de ladera más pronunciada. En algunos períodos del año y en horas de la madrugada pueden presentarse fenómenos térmicos propios del clima templado frío. Así, el clima del Municipio se puede clasificar como templado húmedo, dado su notable régimen de lluvias.

Son de clima cálido los territorios situados entre los 1.050 y los 1.300 metros sobre el nivel del mar, ubicados en el norte, centro y suroccidente del Municipio. En ellos, las temperaturas oscilan entre los 17 y 28 grados, aunque, en los últimos tres lustros, los fenómenos ocasionados por el calentamiento global han representado subidas de la temperatura por encima de los treinta grados centígrados, en la zona plana. Este piso térmico comprende, aproximadamente, ciento diez kilómetros cuadrados del área total del Municipio.

Al piso cálido templado corresponden aquellos territorios que alcanzan alturas de más de mil trescientos metros sobre el nivel del mar, ubicados en los sectores sur y centro-oriental del Municipio, donde las temperaturas oscilan entre los 12 y 16 grados centígrados. Este piso térmico abarca, más o menos, cincuenta kilómetros cuadrados del área total del Municipio.

El clima promedio de Caicedonia se reconoce en 23º C (veintitrés grados centígrados) .Hasta hace unos quince años, las precipitaciones pluviales se daban en dos períodos, los cuales se alternaban con dos períodos secos o de verano. Esto determinaba cierta regularidad en las cosechas de café y en la siembra de las demás especies vegetales, las que se daban en dos épocas del año: una en marzo, abril y mayo; otra en octubre, noviembre y diciembre.

Como se expresó arriba, fenómenos como los de El Niño y La Niña han cambiado, de manera difícil de predecir, los períodos climáticos tradicionales, trayendo como consecuencia veranos e inviernos extensos, lo que ha afectado de muchas maneras las prácticas y economía agrícolas del Municipio.
Según lo indican las mediciones del IDEAM, la precipitación promedio anual, en la Estación La Camelia, es de 2.080 m.m., medición que, en octubre, sube a los 3.160 m.m.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

RELIEVE
El Municipio de Caicedonia presenta las características topográficas siguientes:
La región norte, entre los ríos Pijao y Barragán, con pendientes de cero a tres grados, es un área de un relieve plano, matizado por alturas entre los 1.050 y 1.200 metros sobre el nivel del mar.


Este tipo de topografía corresponde a las veredas La Rivera, Barragán, Montegrande, La Camelia, Bosque Bajo y Limones. Se trata de una superficie de, aproximadamente, el cuarenta y cinco por ciento de área total del Municipio.

Las regiones central, suroriental y suroccidental del Municipio están conformadas por un paisaje de colinas altas y montañas, con pendientes entre el doce, veinticinco y cincuenta por ciento de inclinación, con elevaciones fluctuantes entre los 1.200 y 1.800 metros sobre el nivel del mar. Este tipo de topografía corresponde a, más o menos, el treinta y cinco por ciento del territorio.

El veinte por ciento restante de la superficie de Caicedonia varía entre los 1.800 y 2.200 metros sobre el nivel del mar, con paisajes de montaña alta, de relieve escarpado y fuertemente quebrado, los cuales prevalecen en la zona sur central del Municipio.

El sistema montañoso de Caicedonia se desprende, en el extremo sur, en los límites con el Municipio de Sevilla, del conjunto que forman los cerros Sinaí, Capotes y Manizales.
De este conjunto montañoso, parte la ramificación de La Cimitarra, la cual forma los cerros Las Guacas, Teodolito y Manzanillo. Más adelante, de Las Guacas se desprenden los ramales de Barroblanco y San Gerardo y de éste los ramales de La Pava y La Leona. Del cerro Teodolito se desprende un pequeño ramal, hacia la vertiente del río Pijao, que va a terminar en la quebrada La Morelia, después de formar el cerro de El Frontino. Del cerro Manzanillo se desprenden tres ramales: el primero de ellos, llamado de La Rivera, cruza la región de Palogrande y forma el alto de Morroseco y, luego, se parte en dos cuchillas que van a morir al río Barragán; el segundo ramal, llamado de El Topacio, forma el cerro del mismo nombre y desciende entre la quebradas La Rivera y Zúñiga; el tercero, llamado ramal de La Quiebra, forma el cerro del mismo nombre y se extiende por El Crucero y Fuente Hermosa hasta el río Pijao y el plan de Cuba.

Del cerro de Capotes sale una ramificación en dirección a El Castillo y Samaria y se extiende hasta las riberas de las quebradas Bolivia y La Morelia y llega hasta el río Pijao, después de formar el cerro de El Castillo. También del cerro Capotes se desprende el ramal de Miravalles, del cual forman parte Morropelao y el cerro de Puerto Rico, hasta terminar entre las quebradas Dabeiba y La Pava. Del cerro Sinaí se desprenden el ramal que formará los cerros de El Paraíso y el de Barcinales, hasta terminar en las riberas de la quebrada Dabeiba y el río Barragán.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

SUELOS
Acorde con el Plan Básico de Ordenamiento Territorial de Caicedonia, los suelos del Municipio presentan las siguientes características:
*En términos generales, el área del Municipio de Caicedonia no presenta problemas severos generalizados de inestabilidad. Sin embargo, se observan fenómenos aislados de movimientos masales en algunos focos,


focos, propiciados por el desconocimiento del uso adecuado de los suelos, lo que ha generado pérdida de propiedades agrícolas y ocasionado la aceleración de procesos erosivos y deslizamientos.

*La parte más inestable del Municipio se localiza a partir del centro-este del territorio, en dirección sur-este, donde afloran los esquistos metamórficos de la formación Cajamarca. Factores como la intensa meteorización de las diabasas, alta precipitación, presencia de cenizas volcánicas, relieve escarpado asociado con prácticas agropecuarias inadecuadas como el sobrepastoreo, la destrucción de las coberturas vegetales y la construcción de vías carreteables, sin las especificaciones técnicas necesarias, son las responsables del proceso de erosión que se presenta en esa zona.

*En el área comprendida, entre el centro- sur y el suroeste del Municipio, donde predominan las rocas sedimentarias, los materiales volcánicos, la cual abarca las veredas Bolivia, Samaria, La Suiza, El Frontino, Bosque Alto y Bosque Bajo, hasta cercanías con el Club de Caza y Pesca, el suelo ofrece una mayor estabilidad. Predominan pendientes suaves y, gracias a la adopción de prácticas culturas adecuadas en el cultivo del café, sólo se observan focos erosivos en las zonas de mayor pendiente, sobre la cabecera del río Pijao.

*Sobre el extremo norte, la zona, económicamente, más activa del Municipio se encuentra en un área considerable de la Asociación Caicedonia, que representa un conjunto de material piroplástico, que cubre una topografía antigua, observándose que la formación está compuesta por cenizas volcánicas, tobas de lapillo y aglomerados, materiales intensamente alterados a material arcilloso de colores gris, verdoso, amarillo, rojizo y ladrillo. Sobre la parte nororiental del Municipio, a orillas del río Pijao, encontramos sectores de material sedimentario cuaternario, depósitos de aluvión, colusión y depósitos de media ladera y terrazas constituidas por gravas, consolidadas en matriz areno-arcillosa.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

FLORA Y FAUNA
Antes de la llegada de los primeros colonos, la flora primaria de nuestro territorio era la selva espesa, en la que dominaban el yarumo blanco, el cedro, el comino, el arrayán, el balso, el flormorado, el aguacatillo, el nogal, el laurel, la palma de chonta, la palma zancona, la palma de cuesco, el guayacán, el gualanday, el arenillo, el barcino, el vainillo, el arboloco, el


matarratón, la guadua, el nacedero y las especies vegetales de porte medio y bajo, las cuales podían contarse por miles, pero entre las cuales pueden destacarse, por el uso que aborígenes y colonos hicieron de ellas, el maíz, la yuca, el congo, el bijao, la platanilla o heliconia, la mora, el caimo, la chulupa, las plantas medicinales como el zauco, la altamisa, la yerbabuena, la rosa amarilla, el pronto alivio, la malva, la cola de caballo, el llantén, la ruda, el paico, etc., a las que podemos sumar plantas ornamentales como el árbol del paraíso, el cayeno, la astromelia, la col de monte, las orquídeas, etc.

Con el advenimiento de la colonización, llegan especies vegetales secundarias como el plátano, el café, el limonero, el naranjo, el mandarino, el guamo (macheto y santafereño), la arracacha, la caña de azúcar y diferentes pastos como el pará, la india, el yaraguá, el puntero, el mperial, la estrella de la india, la braquiaria, etc. Para suplir las extinguidas maderas preciosas de nuestros bosques primarios, ahora sembramos pino, eucalipto, nogal cafetero, cedro rosado…
En materia de fauna, según se registra en diferentes documentos y a través de la tradición oral de los municipios del Quindío, Risaralda y el norte del Valle del Cauca, ésta era muy variada, hasta hace unos ochenta años, cuando todavía los efectos depredadores de la acción humana no habían sido capaces de aniquilar las numerosas especies y poblaciones animales que se arrastraban, caminaban, nadaban o volaban dentro de la comprensión territorial de lo que actualmente es el Municipio de Caicedonia.

Entre los cuadrúpedos eran comunes las iguanas, el guatín, la guagua, la nutria, la comadreja, la tatabra, el venado, el zaino, el conejo, la liebre, el tigrillo, el tigre mariposo, el oso de anteojos, el perro de monte, el lobo, el zorro, los micos aulladores, los perezosos, el armadillo, etc.
Entre los cientos de ofidios, se destacaban la culebra cazadora, las corales, la rabo de ají, la cuatronarices, la lomo de machete, la granadilla, etc. Entre los batracios, abundaban todo tipo de ranas y sapos.
Los ríos estaban atestados de jetudo, bagre, bocachico, sardinata, corroncho, etc.
La población de aves abundaba en torcazas, pavas, garzas, tucanes, búhos, patos de laguna, guacharacas, loras, gurrías, perdices, gavilanes, gallinazos y una numerosa y variada población de pájaros de coloridos plumajes y melodiosos cantos.
Un altísimo porcentaje de esa biodiversidad maravillosa fue devastada por el hacha, el machete, la sierra, el fuego, los herbicidas, los insecticidas, las armas de fuego, la dinamita, los chinchorros, el barbasco, instrumentos letales en manos de miles de caicedonitas de varias generaciones que los empleamos para someter esos preciosos recursos naturales a una operación exterminio, frente a la cual nunca tuvieron defensa.
En menos de una centuria, destruimos lo que la naturaleza produjo y sostuvo a lo largo de miles de años. Y, de toda esa hecatombe, sólo nos quedaron decenas de Clubes de Caza y Pesca, a lo largo de las poblaciones y departamentos que
crecieron bajo el impulso paisa, a costa, hay que reconocerlo, del sacrificio de nuestra fauna y flora primarias. Todo indica que ese naturicidio, finalmente, lo pagarán nuestros descendientes, a lo largo de no se sabe cuantas generaciones.

Extraido del libro "Caicedonia 100 Años" de Miguel Gualteros

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